Teoría U, paso 7: Del Prototipo al Despliegue o Realización (Parte 10)
Ya hemos hablado sobre prototipar, esa aproximación experimental a lo nuevo. Un prototipo contiene algunas de las características esenciales del producto final o ecosistema, pero es tan solo la primera de muchas iteraciones. El producto final incorpora con éxito muchos de los rasgos de las formas anteriores.
Ahora nos vamos a fijar en cómo la presencia toma cuerpo en la práctica diaria. Al movernos del campo del prototipo al de la ejecución, el foco se mueve desde dar forma al “microcosmos”, hasta moldear y hacer evolucionar la ecología institucional en su totalidad. Una vez que el prototipo vivo se presenta y es evaluado por los actores, la cuestión es cómo usarlo en el paso siguiente del viaje, cómo insertarlo en una infraestructura institucional que la lleve a evolucionar, a “operar desde el eco-sistema” ampliado, en contraposición a operar desde el “ego-sistema” de cada institución u organización.
La estructura del campo de atención colectiva, a partir de la presencia, y durante la cristalización, prototipado y despliegue, toma cuerpo en sí misma de forma completa. La figura representa este despliegue a través de la emergencia de un nuevo patrón desde el centro, que conecta, evoluciona y moldea todos los demás aspectos del ecosistema en su totalidad.
El sistema actual se basa en organizaciones instituidas, que evolucionan a lo largo de tres ejes. El primero representa la cadena de creación de valor o de suministro, que conecta con el cliente o usuario, y en relación a este eje, la fuerza de cambio tiene que ver con la integración sistémica de dicha cadena de valor, o eje horizontal.
El segundo eje sería el sistema paralelo de innovación continua y aprendizaje, o eje vertical, que es la dimensión clave para mejorar el rendimiento del sistema (hacer más con menos consumo de recursos), y que responde a la presión por mejorar la productividad como fuerza de cambio. El ecosistema de innovación, determina la posibilidad de desarrollar este eje vertical, y depende de la praxis (practicantes que reflexionan y ponen en marcha nuevos conceptos, nuevas ideas) más que de ejercicios teóricos de optimización sobre el papel.
Pero aún este eje de innovación y aprendizaje choca con los límites del sistema actual, centrado en los síntomas, en los niveles superiores de la U. La tercera fuerza de cambio o eje en profundidad es el de la relación entre el sistema y el Yo. Dicha relación tiene que ver con la percepción que el individuo tiene del sistema y de sus relaciones con los demás. Al vivir la experiencia de la presencia durante el proceso U, dicha percepción ha cambiado, y también ha cambiado el Yo desde el que operamos. La calidad del compromiso y la intención del grupo se ha visto activada, y ejerce una influencia de cambio sobre la consciencia de las demás personas que toman decisiones en el sistema ampliado, en su totalidad. Podríamos referirnos a esta fuerza de cambio como la conexión viviente del ecosistema en evolución.
No quiero terminar sin referirme a una cuestión clave para el despliegue. Es la necesidad de crear infraestructuras dando forma a lugares seguros y tiempos para el coaching entre pares, el apoyo mutuo usando la tecnología social descrita con el proceso U. Se ha escrito mucho sobre redes de innovación, pero en la exaltación de las redes se olvida un elemento clave del proceso creativo que es precisamente opuesto a compartir en red. Me refiero a la necesidad de disponer de un nido, un lugar interior protegido, para lo colectivo, desde el que pueda emerger lo nuevo. Al igual que una semilla necesita de un lugar y un tiempo para crecer, la innovación profunda y sostenible precisa de un espacio y un tiempo para prosperar.
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