4 Comentarios


  1. Es cierto lo que dices, Luis, sobre la voluntad o no de los gestores por articular una participación real. Sólo añadiría complejidad a tu comentario. En ocasiones, estarían dispuestos a ello, pero no saben cómo. Otras veces no encuentran la respuesta que esperan en otras personas, acostumbradas a años de “seguir los procedimientos y sistemas”.
    Últimamente estoy renunciando a “combatir” las formas “maquínicas de organización” que impregnan nuestros entornos de trabajo, y también están en mí mismo, en las personas. Quizás merezca la pena embarcarnos en “rediseñar nuestras prácticas conversacionales diarias”, buscando complicidades para hacer las cosas a las que vemos sentido, aprendiendo a convivir mutuamente con “la máquina-sistema” que hemos creado. Ayudándonos a recuperar energías para seguir creando algo que tenga sentido o necesiten los otros: los clientes, los compañeros, los socios,…
    Gracias por tu comentario.

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  2. Considero que le gap entre procesos de cambio y resultados prácticos de los modelos de gestión participativos que identifica Javier, no lo genera la falta de ejemplos de referencia sino, esencialmente, la falta de cultura empresarial y voluntad de aplicación por parte de los gestores.

    Están ampliamente estudiados los elementos de Innovación organizacional asociados a la motivación de los empleados y la participación como uno de sus factores clave. Estos estudios son llevados a cabo tanto desde disciplinas de la Gestión de empresas como desde las ciencias de comportamiento humano. Los resultados prácticos sobre la mejora competitiva en las organizaciones con modelos de gestión basados en las personas, se analizan en casi todas las escuelas de negocio.

    La tendencia en las empresas a reequilibrar las fuerzas o protagonismo de las áreas financieras o “numéricas” respecto a las que intervienen en la cultura, equipos, comunicación, etc. es una evidencia. Y ello no se debe en primer lugar al deseo de democratizar sino, fundamentalmente, a la imperiosa necesidad de incrementar su competitividad.

    Los modelos organizativos basados en la jerarquización y la burocratización funcionan cuando el factor humano no es esencial en la generación de valor (principalmente en economías no basadas en el conocimiento). Por ello, no creo que en nuestro contexto estos modelos sean los más familiares, sino los más cómodos para sus gestores.

    Ruego disculpéis que en este primer e impulsivo comentario aporte una opinión, de bajo perfil, solo basada en vivencias profesionales y no contribuciones soportadas en experiencias prácticas que profundicen en el estudio de esta temática.

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    • Comprendo y comparto bastante de tu propuesta sobre olvidarnos de las limitaciones que impone el entorno y experimentar, a pequeña escala, desde nuestro ámbito de responsabilidad o campo de maniobra, cómo aportar más sentido a nuestro trabajo.

      Pero considero que esta vía puede ser gratificante, fundamentalmente, para la persona pero no tanto para la organización en su conjunto, que recibirá unas gotas demasiado escasas de mejora. Por otra parte, aceptar un “desalineamiento” demasiado alto entre los intereses personales y los de la organización, nos puede hacer perder demasiada eficiencia y terminar afectando a nuestras capacidades profesionales.

      Por ello, considero que no debemos renunciar a cuestionar las reglas y normas, ni a hacerlo con pasión y sinceridad, sin artificios ni especulando con el lenguaje. No debemos disimular el deseo de que nuestros interesen personales confluyan todo lo posible con los de la organización, aceptando que puede haber muchos y muy distintos intereses (igual casi tantos como personas).

      ¿Esto es difícil? Por supuesto que lo es. Pero todos los días hacemos o intentamos hacer cosas difíciles. Nuestros clientes lo pueden confirmar.

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      • No me refería tanto a experimentar a pequeña escala, cuanto a operar desde un nivel superior de consciencia en nuestro día a día. Me refiero a “empezar por mí mismo” para visibilizar el cambio que quiero operar. Creo que, desde una visión sistémica, cuando opero un cambio en una parte de la organización, influyo en su totalidad. Ello requiere ser consciente de cómo yo mismo reproduzco el “modo no participativo” de operar. Como parte del sistema, lo reproduzco de formas a veces no conscientes. Si logro esa consciencia, si percibo los patrones profundos del “operar no participativo”, tengo más posibilidades de cambiar “todo el sistema a la vez”.
        Por otro lado, estoy de acuerdo en mantener la honestidad y cuestionar las reglas y normas en las que no creemos, aunque ello comporte asumir riesgos. Y también en la necesidad de dialogar, interactuar sin descanso para alinear visiones, confluir y buscar zonas de interés común entre individuo, equipos y organización.
        Gracias por tu comentario, que me ayuda a aclararme más.

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