Parece ser que sí, que los últimos descubrimientos en neurología y psicología avalan que nos podemos fiar de la intuición más de lo que creíamos. Tal y como comentaba al final de mi última entrada en este blog, científicos y expertos hablan del poder de la intuición como fuente de conocimiento tan válida como la razón.
Hace un año leí el libro Inteligencia Intuitiva de Malcolm Gladwell, periodista y autor de varios best-sellers, en el que se viene a decir lo mismo. El libro narra con multitud de ejemplos y experimentos científicos bien documentados la importancia que tiene la intuición en nuestras vidas. O mejor dicho, lo que se denomina el inconsciente adaptativo, que no es otra cosa que “la capacidad humana que nos permite tomar decisiones instantáneas siguiendo exclusivamente nuestra intuición y que resultan, en muchos casos, más acertadas que las que surgen de un profundo análisis de variables”.
Así que parece que se ha demostrado algo que todos ya sabíamos, y es que “quienes son buenos tomando decisiones no son aquellos que procesan más información o que dedican más tiempo a deliberar, sino aquellos que han perfeccionado el arte de hilar fino, de extraer pocos factores que realmente importan a partir de un montón de variables en sólo fracciones de segundos.”
Hay que tener en cuenta que la mayor parte de nuestra evolución ha transcurrido sin conciencia. Es decir, que la mayoría de las decisiones que han afectado nuestra vida se ha tomado al margen de la razón, porque no disponíamos ni de toda la información ni del tiempo necesario para ponderarla.
Esta capacidad de utilizar el inconsciente adaptativo se puede entrenar, es decir, se puede adiestrar el inconsciente para que sea una fuente de buenas decisiones. Y esto es una parte esencial de la educación, como resalta el filósofo y educador José Antonio Marina en su blog La nueva frontera educativa. “Poniendo un ejemplo deportivo, un gran jugador como Nadal no puede reflexionar mientras está jugando. Tiene que dejarse llevar por “mecanismos no conscientes” que ha ido adquiriendo mediante el entrenamiento”.
Por tanto parece que ahora que tenemos el respaldo científico, tenemos más motivos para fiarnos de la intuición, pero sabiendo que tenemos que entrenarla, es decir, tenemos que alimentarla con experiencias.
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